jueves, 24 de octubre de 2013

De las nefastas consecuencias que conlleva tomar cerveza antes de toparse con una protesta


Hace un par de semanas fui detenido injustamente por las Fuerzas Especiales de Carabineros de Chile. Todo empezó porque estaba con el Baraja, en el bar de San Diego, hablando con el Rolando y éste nos dijo que estaba chato de los encapuchados, que le rompían las cosas a la gente buena; yo le dije que eso era un tongo, que el Gobierno roba de manera legal, lo que es mucho peor, y él me dijo que yo era demasiado chico para hablar de esas cosas (es increíble que ese argumento me lo hayan disparado tantas y tantas veces, desde que tengo uso de lenguaje que me cagan con ese argumento. Con la suerte que tengo, llegará el punto en que, en lugar de decirme que soy un chico para opinar, me dirán que soy muy viejo).
El ambiente se puso un poco denso cuando el Rolando comenzó a hablar de cosas que no quiero transcribir por lo aburridas que son. A una mirada cómplice del Tito Baraja nos paramos de la barra y nos fuimos. En el camino, el Baraja me dice “mira, mira, a las doce” –siempre dice “a las doce”, no sabe qué significa, así que cuando dice “ mira a las 12” puede ser hacia cualquier lado-. Día de protesta: Había tanta, pero tanta gente, que le pedí con un garabato nada amigable que fuera más específico, por la rechucha. Apuntó con el dedo a una muchacha. Qué mujer más rica. Era como esas chicas hermosas de mis épicos días en la Universidad. Con un acuerdo tácito, implícito en las miradas y en inquietudes, la comenzamos a seguir al ritmo de la marcha. No nos costó mucho aprendernos los gritos de protesta, y, como todo gamblero, llegó un punto en que los deformamos; así, en lugar de gritar “quién lleva la batuta” decíamos “quién trae prostitutas”, o en lugar de gritar “el pueblo unido…” gritábamos “el pueblo hundido” y cosas así.
Estábamos por los Héroes cuando comenzó a quedar la zorra. Como siempre, nadie supo quién empezó, pero el chorro de agua se encargó de que nadie lo pensara mucho. CHUM, media hectárea de protestantes menos. Me dan lo mismo ellos, si bien estoy en contra de todo -o de casi todo-, considero que la humanidad por sí misma es mala, por ende, las protestas no cambiarán un sistema que representa la humanidad. Dejaré esa estupidez para otro momento, para que estén atentos y no lo lean.
Lo que desató mi rabia y al mismo tiempo la ira inmensa del Tito Baraja, fue que el impacto hídrico botó a la chica hermosa, quedando toda empapada y magullada, la pobre. En ese momento, cuando la vimos decrépita por el agua y cuando un paco malévolo se le acercaba para detenerla, fue cuando el Baraja grita su ya famoso grito de guerra: ¡A LA SUERTE!
Algo pasó en la multitud: No sé si fue que todos los que presenciaron la escena conocían el grito de guerra, o si vieron al Tito como un héroe medieval, o si todos estaban enamorados de la chiquilla- que es lo más obvio-, pero les juro por vuestra madre que en ese momento todos los hombres hijosdalgo que ahí estaban comenzaron a guerrear. El primero de todos, el Tito, aterrizó con una patada en escudo del carabinero – aquel paco, como todo Fuerzas Espaciales, era una vaca con más músculo que materia gris- y detrás de la patada del Tito, una gran turba de personas. Quedó la zorra. Lo chistoso de todo esto era la ausencia de encapuchados, era un tema de atacar a los pacos en venganza de la hermosa chica mojada y vejada por el guanaco. El éxtasis de la guerra sin cuartel era tal que se requeriría a un poeta de los mejores para plasmar dicha sensación con palabras más o menos fieles. Algún día la describiré yo. Lo último que recuerdo es haber visto al Baraja cayendo por una lacrimógena que le dispararon en plena panza. Tengo que decir que, en ese momento, me recagué de la risa. Mientras me reía me agarraron los pacos y acá pasó lo más inesperado. A mí y al Baraja nos separaron del grupo de estudiantes que tenían detenidos, nos llevaron a otra micro y, en ella, había una gran muestra de la gamblería Santiaguina; me sentí en casa, joder, estaba hasta el Pecas, había como 3 viejos crack, estaba el Hijo del Vilches, el Rolando (encapuchado jajaja), el Tres Bastos, un pelao que siempre odié, el Anselmo del kiosco, el Trululú, El Macana, El Tito Baraja y vuestro Servidor, el gran e inigualable Sémola. Ninguno estaba triste en esa micro, estaban todos contando cómo los habían detenido. Al Macana le sangraba el hocico pero no le importó…
Bueno, la cosa es que me formalizaron por “saqueo”, por eso fue injusto, yo solo defendí a una dama en peligro, nada de saqueo.

miércoles, 16 de octubre de 2013

De ciertas posturas que uno debe tomar para hacer títulos que no tengan nada que ver con lo que se escribe bajo ellos



Hace rato que me alejé de la norma, al menos de la norma lingüística. Ahora mi país es Argot. 

He vuelto a mi antigua casa por un asunto bastante trivial, un trámite. Mi familia me recibió con los brazos cerrados y me dijo que anduviera con cuidado, que con mi vida no se llega muy lejos. Les agradecí su preocupación, pero les rogué que, por favor, no metieran sus narices en mi parte trasera, en mis asuntos (no me metan la ñata n’ la raja). Alterados por esta jerga impura y soez, mi padre me dice que me calme, que no me han hecho nada malo. Yo, por mi parte, le evoqué aquellos maravillosos momentos en que me dijo que entrar a estudiar literatura era la idea más aberrante y baja de todas las ideas aberrantes y bajas, por lo que salirse de aquella carrera –cosa que, en efecto, hice- era semejante a declararle la tercera guerra mundial al Vaticano. En su momento me dolió, pero ahora que lo recuerdo, en lugar de doler, siento una cosa así como una culebra de alambre púas jodiéndome el estómago. En fin, me respondió que aquello había pasado hace tiempo, y que tenía que volver, ya que mi madre y mi hermana estaban constantemente preocupadas por mi salud. Me defendí arguyendo que mis testículos estaban bastante crecidos como para que ellos me controlaran el destino (tengo las güeas bien grandeh como pa’ que me vengan a paquear). Mi madre calmó las aguas… Concluido el trámite, no pude evitar ver cómo estaban de acongojados por mi triste mutación. Entonces, tuve que decirlo: “Mamá, papá, hermana, yo los amo, siempre los amaré y siempre serán lo único bueno que me ha pasado. Entiendan, por favor, que aquellos momentos hermosos que marcaron mi infancia serán siempre mi mayor tesoro. El problema, claro, es que si me quedara con ustedes les haría mucho daño, y los amo lo suficiente como para darme esa licencia.” Mi madre me dijo que no fuera estúpido, que no hay nada en el mundo que yo pudiera hacer que a ellos los dañara. Alto ahí, mamita. Y, con una humildad digna de un incendio forestal o de una crisis económica, prendí un cigarro y le dije que me refería a esto, a fumar, que estaba científicamente comprobado que les haría daño. Para mi sorpresa, entendieron la broma y, de paso, mi postura de vida. Me quedé hasta que ya fue lo suficientemente tarde. En la micro de vuelta al Saturno, lloré como si se me hubiera caído el pene, ese llanto es libertad.
Algún día debería escribir un libro sobre el valor literario de la mentira. La "verdad" como mímesis de la realidad y la "mentira" como proyección de la imaginación. Será el libro más malo del siglo.

domingo, 13 de octubre de 2013

Ahora, con título



Si bien siempre he amado a los gatos, no podría jamás ser uno de ellos: siendo un gato, al autodestruirme como lo hago, destruiría a un gato. No estoy para eso. Seguiré dándole mi jamón al gatote del primer piso, y seguiré aguantándole la mirada mientras me torea la pierna, pero nunca seré de su manada como un miembro felino. Me entristece enormemente, pero así es la cosa. Si me dieran a elegir qué animal ser, siempre lo he tenido bien clarito: UNA TORTUGA. Sí, cara de viejo verde, lento, pesado, arrastrado. Y lo mejor de todo, nacen con su casa a cuestas, lo cual podría ser una bendición, pero no, es una maldición, la mejor de todas: por más que “corra” morirá dentro de su casa, le es imposible escapar. Y si no puedes salir de tu propia casa, ¿qué se hace? Se hace lo más lógico, recorrer el mundo con la casa a cuestas. Por lo tanto, algún día, cuando me encuentre un Genio Mágico que me conceda tres deseos, fijo le pediré poder transformarme en tortuga cuando se me dé la gana. Recordé ese poema de Darío que nunca entendí en mi tortuosa época de estudiante... Ahora lo leo, lo entiendo, y recuerdo lo que decía el Demian de Hesse Las palabras ingeniosas carecen totalmente de valor. Sólo le alejan a uno de sí mismo. Y alejarse de uno mismo es pecado. Hay que saber recogerse en sí mismo por completo, como las tortugas.

La tortuga de oro camina por la alfombra
y traza por la alfombra un misterioso estigma;
sobre su carapacho hay grabado un enigma
y círculo enigmático se dibuja en su sombra.
Esos signos nos dicen al Dios que no se nombra
y ponen en nosotros su autoritario estigma:
ese círculo encierra la clave del enigma
que a Minotauro mata y a la Medusa asombra.
Ramo de sueños, mazo de ideas florecidas
en explosión de cantos y en floración de vidas,
sois mi pecho suave, mi pensamiento parco.
Y cuando hayan pasado las sedas de la fiesta,
decidme los sutiles efluvios de la orquesta
y lo que está suspenso entre el violín y el arco. (Rubén Darío, "Amado Nervo")

viernes, 4 de octubre de 2013

Sobre el eximio y elevado oficio de la escritura


Hoy en la tarde, antes de estar borracho como ahora, fui a mi antigua casa para hacer un tortuoso trámite. En la micro, una chica como de mi edad iba sentada con su hija: un error de cómo 3 años de edad. La bebé me miraba y le decía cosas a su madre, cosas secretas. A su vez, la madre me miraba y le cuchicheaba alguna infidencia en la cual me veía comprometido. En un punto ya no aguanté más el secretito y me acerqué a ambas. Mi hija dice que eres el hombre más bonito que ha visto. Eso me dijo la madre. Era entendible, tenía 3 años, no había visto muchas cosas, no me halagué, los niños no me caen bien. Respondí: Que lo disfrute, posiblemente seré el único hombre verdadero que vea en toda su vida. La muchacha se espantó, su hija estaba tapándose la cara de vergüenza, por lo que no escuchó nada de eso. La madre me dijo: Oye, mi marido igual es hombre. A lo que respondí: pero yo soy escritor. Lo respondí sin ánimo, y sin esperar que me exigieran publicaciones que no tengo o premios que nunca tendré. Él también es escritor, me dijo la madre. Eso es lo malo, dije, que ahora todos son escritores, incluso yo, que escribo mal.

jueves, 3 de octubre de 2013

La muela del juicio (final)


Me daba pena sacarme las muelas del juicio porque con ellas me identifico. Creciendo chuecas y deformes. Haciendo daño. Moviendo lo que no se tiene que mover. Con caries tan profundas que se puede ver el infierno a través de ellas. No es miedo al rechazo, es cansancio. Cansancio por todos los rechazos. Una y otra vez me han cambiado y me han humillado. Una y otra vez me han marginado e ignorado. Ni segundo, ni tercero, ni nada. Peor aún, peor: te rechazamos porque hay alguien mejor. Estás en ese lugar aburrido y monótono ubicado en el medio de todo. Eres del montón. Eres el que no será protagonista de ninguna historia. El que no aparecerá en la foto grupal. El que da igual. No soy especial, no. No hay cofradía para el Sémola, no hay. No hay parnaso intelectual para el Sémola, no hay. Soy el ser humano más normal, repetido y repetible. Soy el vecino de alguien más, el amigo de alguien más, el conocido de tal. Prácticamente no existo. Casi no tengo fronteras…
…Y el sr Vodka me hace caso y me llena de apatía,
y el sr Vino me regala
un poco de valentía
y me voy quedando ciego, sordo-mudo y demente,
porque soy el mal cliente,
deste mercado de mundo,
ya soy yo el triste difunto,
Que reclama injustamente.
Entre la soga y el gatillo respiro,
veo al mundo que me da la espalda y pienso:
QUE SE JODA,
ahora que todos me dan la espalda les miraré las cartas,
y cuando ya no pueda caer más bajo,
haré un hoyo, 
el más grande, el más grande de todos
y reiré como demente, como mono, como diablo.
¿Y pa’ qué quiero yo al mundo, si es redondo y lleno de gente?,
prefiero ser invisible que ser visto cuando hablo,
porque yo he visto el infierno
y PARDIÉZ que me ha gusta’o,
y con la soga al cuello me pongo la terrible corbata
y la bala que me mataría, ahora abre otra cerveza,
que igual me vuela la cabeza,
pero de manera más sensible:
arte y carne no combinan,
y yo soy el puto maestro,
el brujo del asfalto,
y si te pillo
te asalto,
con la metralleta ardiendo,
uno a uno voy mintiendo,
uno a uno voy quemando,
este mundo insolente,
que de chico me ha negado.
Que se apague la ampolleta,
Y que se raje el cuero,
yo soy yo, el metralleta

y sonrío mientras muero.