miércoles, 11 de septiembre de 2013

Sobre el Neo-nazismo y el Pinochetismo y mi ex-vecino, el Ballena Blanca



Conocí una vez a un tipo que era neonazi, le traía tatuajes de esvástica, pelo al rape, chaqueta de aviador y una masa ingente de musculatura, pura marcialidad, de tomo a lomo, que yo salvaré a Chile, de los pingüinos, de los marxistas, de los hipies, de los maricones, de las tortilleras, de los peruanos, de los flojos, de los miristas, de los chavistas, de los argentinos, de los negros, de los argentinos, de los sionistas, de los canutos, de los imbéciles, de los anarquistas, de los del frente, de los corruptos, de los desobedientes, de los rebeldes, de las guerrillas, del comunismo, sobre todo del comunismo, no hay lugar para débiles, ni para mariquitas, este es un país de hombres, por algo los españoles, conquistadores de todo un planeta, se frenaron ante el araucano, defensor de una tierra, nunca se ha terminado aquello, nunca se terminará, soy de raza aria, de dos razas arias, europeo y mapuche, por mis venas corre Thule y en mi futuro el Val-Hala, mi General estaría orgulloso, estaría orgulloso, estaría muy orgulloso, me daría una medalla y me premiaría y me daría la mano y mi me diría, buen trabajo soldado de Chile, por eso tu país duerme un día más en paz, a salvo de toda la escoria…

Pasó el tiempo y este chico se hizo adulto, primero ingresó al servicio militar, lo mandaron pal norte. Se quedó de planta por dos años, engordó 12 kilos y generó cierto agrado constante y necesario por la cocaína. Salió del ejército listo pa’ reformar Chile, pero no había trabajo, no para él, fue guardia un tiempo, lo llevaron detenido un par de veces por martirizar a algún peruanito en una que otra noche de alcohol, pero nada grave, no para Chile y su justicia. Después consiguió una pega mejor y se fue al sur. Allí conoció a una chica rubia hermosa, se acostó con ella, sexo, sexo, sexo. Él pensaba que era alemana, por lo rubia, claro, solo los alemanes son rubios, y el sur está lleno de strudels y kuchens, y se convenció de que era alemana, no le quiso preguntar pa’ no ser tan chupamedias. Volvió a Santiago, acá, al Saturno, en donde cada 3 chilenos hay por lo menos 2 peruanos. Llegó contando todo esto que les conté, dándoselas de grande y perdonando la vida de quien le hablara, pegando su bandera con la esvástica en su pieza y caminando a torso desnudo para que medio Perú le viera aquel tatuaje. Me contó lo de la chica-lo único interesante que contaba- y le pregunté su nombre, el de la chica. Se llamaba Ruth, me dice. Ruth. Fui a mi pieza y saqué mi Biblia –sí, leo la Biblia, está junto a mi libro de Milton, espero no le moleste mucho a Dios-. Busqué el pasaje y le expliqué que, dentro de todos los nombres judíos, el más judío de todos era Ruth. No, me dijo, Ruth es alemán, ahí, en tu Biblia, dice Ruth porque es una mala traducción. Se quedó dándole vueltas al asunto. Lo sé. Pasó el tiempo y creo que encontró a la muchacha a través de las redes sociales de internet, qué raro, pensó, escribe con otras letras. Y lo comprobó: el amor de su vida, la única mina que se había acostado con él sin pedir dinero a cambio, era JUDÍA. Lo mejor de todo era cierta foto. En ella estaba mi exvecino, sin ropa, con la esvástica en el corazón y con un flácido pene colgando denigrantemente. En Inglés decía “Jews 2, Nazis 1…1-inch”. Era una referencia a su pene con más prepucio que pene. Después de esa humillación de la que se enteró todo el hotel, se fue y no lo he vuelto a ver. Espero que pases un lindo 11 de septiembre, conchetumadre. 

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