lunes, 5 de agosto de 2013

Esta grácil historia trata sobre cómo besé tus pétalos...y tus tetas.


Lo podría escribir con hermosas palabras poéticas, de esas palabras que hacen que tu corazón haga doble diástole pum pum y tus ojos se llenen de pequeños fragmentos de lágrimas, cosa que cuando leas mi poema digas “Oh! qué lindo” o “qué hermoso el amor”. Lo podría escribir con palabras bonitas pero no sonaría igual,  y he ahí el dilema.

Lo podría escribir con palabras hermosas. Pero no: anoche CULIÉ.


Lo tenía que escribir para contárselo a todos, no me pasa nunca, o casi nunca, es bien poco probable, PERO PASÓ y a mí, por eso lo cuento, como si fuera la primera y como si fuera la última. ME pasó. No me alargaré en cuanto a dónde y cómo la conocí, porque solo fue raja, cuea, fortuna... 
La tiré sobre la cama y me miró, cómplice, con una sonrisita que apenas se notaba, mirándome a los ojos. Perfectas sus cagáas de ojos, simétricos como mentiras. Me fui directo a su cintura, le saqué el pantalón y, sin esperar a que se terminara de sacar las pantys, los calzones, incluso los zapatos, le comencé a meter la lengua en la vagina, adentro. (Es raro, nunca tiene buen sabor una vagina, pero tampoco quiero que lo tengan, me daría asco que fueran dulces o con sabor a naranja, no, tenía un sabor y un olor a carne de mujer). Seguí lamiendo y lamiendo y cuando por fin se logró sacar los pantalones le abrí aún más las piernas y ahí sí que me di un festín. Rica la comadre, por todos lados, todas sus células, rica weón. Con las manos comencé a adentrarme entre esa distancia que marca la diferencia entre la niñez y la hombría, ese hueco que se forma con la mano cuando entras por debajo de un sostén, necesitaba tocarle los pezones, y cuando los toqué me dije “ya, pico, no seguiré viviendo, pico, esto es lo mejor del mundo, pico, mañana me mato con la media sonrisa en la boca”. Ya tenía el hocico un poco dormido de tanto jugar con cierta parte que no nombraré por pudor. Mentira, me refiero a su clítoris, y aprovecho este espacio pa’ maldecir al hijo de puta que una vez me dijo que “el clítoris es un pene atrofiado”, él no sabe nada de la vida weón, él no sabe nada porque yo sí que estoy culeando ahora mientras él muere de viejo y de rico en algún yate en el norte, puto, pero yo, YO, me levanté y con toda la galantería, sin mover un músculo de mi cara, como si esto, sacarme la ropa pa' culear, lo hiciera siempre y a cada rato –que es verdad, todos los hombres practicamos sacarnos la ropa frente al espejo, es eso o parecer idiota cuando llegue un momento como éste- ya me perdí…ah la ropa, la ropa, sí, la ropa, me saqué los pantalones y me desabroché la camisa lentamente mientras ella SEÑORES, MIENTRAS ELLA ME ESPERABA, AHÍ MIRÁNDOME A LOS OJOS MIENTRAS TENÍA LAS PIERNAS ABIERTAS. Cuando terminé de desnudarme –apretando cada puto músculo de mi cuerpo pa’ que no se notara ni el exceso de pan, ni el exceso de licores- dije: Espera un momento mientras me pongo el condón, eso dije, pero ella, guachita más rica que todas esas maracas del romanticismo, me dijo, no te preocupes, tomo pastillas…PASTILLAS… Y sentí unas ovaciones HUOOOO ¡¡SÉ-MO-LA!! ¡¡SÉ-MO-LA!! Me acerqué, deposité un beso artístico y perfecto, adánico, en sus labios y, centímetro a centímetro, la penetre con mi tula que ya no era normal, no, era un súper pene, un pene rokcero, de metal, relleno con valentía (y con semen, claro). Y esa sensación de humedad me abrazó la pichula, y mi alma y mi pasado de mierda y mi familia y todas las minas de la tierra fueron borradas con ese abrazo a mi pichula. CULIÉ como 4 horas, luego paramos. Yo quería seguir pero la chica se bañó dejando claro que solo le daría una probadita y nunca más nada, suficiente pa’ mí que ando medio rastrero de fortuna. Mañana la veré nuevamente, pero, como todos sabemos, nada será igual. Nada será igual nunca (doblenegación porque soy choro). Pero  aunque nunca más me la vuelva a culear, siempre tendré mi gran memoria y mi querida mano derecha a disposición.

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