domingo, 23 de junio de 2013

Mis vecinos peruanos



Conmigo las cosas nunca son fáciles, la vida se me ha dado cuesta arriba desde siempre, pero no me quejo, desde acá abajo, mirar todo desde acá bajo le da un aura divina a las cosas. Como digo, soy súper feliz con mi automarginamiento: desde que mi familia me echó he pasado hambre, frio, miedo, miseria, y nada de jueguecitos de hombre acomodado, la luz nos deja ciegos y ya no estoy pa’ esas prosas.  Como digo nunca me quejo por mi decisión. Excepto por hoy.

En el piso que queda bajo el mío acá en el Saturno vive una pareja de peruanos, una familia. Él trabaja todos los días, todo el día, en algo que no quiero describir porque los perros de la PDI se la pueden tomar conmigo. Ella trabaja como nana, no como esas de puertas a dentro, sino que hace el aseo en unas casas hasta cierta hora y luego vuelve al hotel. Va a trabajar con su hijito, un mocoso de mierda de cómo 4 añitos; es linda la cagá de criatura, tiene una facilidad y una ternura para lograr que le dé mi pan del desayuno que lo odio con todo mi corazón. Temo anotar el nombre de la chica, la llamaré Leti. El otro día, el martes, el marido le sacó la mierda y ella tuvo que ir a trabajar a la mañana siguiente con los labios rotos y los ojos morados, y el pequeño chinito, como siempre, la acompañó pero sin decir nada, sin hacer caras de ternura y, lo peor de todo, sin pedirme mi querido pan. Pasó lo más rápido que pudo por la cocina del hotel, pero me fue inevitable ver que su ropa deguañangada aún tenía gotas de sangre, la ropa de ella y la ropa de su hijo dejaba ver que la rabieta del marido alcanzó para repartirle leña a toda su familia. Terminé mi desayuno y fui a hablar con el Marcos Tres de Bastos, que es tanto el dueño del hotel como el cocinero principal. Le conté lo que vi y me dijo que no me metiera, que el peruano ese, el que le pega a la señora, tiene re-mala juntas, hombres peligrosos. Y que si me quería hacer el héroe que lo hiciera en otro hotel que este te mantiene prácticamente gratis Sémola culia’o, ahora déjame trabajar. Podría pegarle al compadre, pero no cambiaría nada y eso es ser optimista, porque no sé si realmente yo pueda pegarle a aquella montaña de carne que es ese sujeto. Sumémosle a eso el hecho de que conozco a sus juntas, los he visto agarrar a sus compatriotas, sus propios y más cercanos hermanos, y partirles la espalda de pura maldad, de “ejemplo” como dicen ellos. Pero filo, ya, le pego al hombre con ayuda del Baraja y luego qué, él vuelve y se desquita nuevamente con la Leti y su hijito. O podría ayudar a la Leti para que huya. Pero no, he hablado con ella y ella no se quiere ir al Perú, más que nada por su hijito, acá tiene la remota posibilidad de un futuro más justo, allá no la tiene en absoluto. Y eso es lo peor, que dentro de todo Chile es una buena opción, pero es terrible, las cosas que he visto no se comparan a las que aparecen en la tele o a las que se cuentan en la universidad. Si ésta es la mejor opción no me hace orgulloso ni nada, me da vergüenza. Por lo tanto huir se descarta porque saliendo o no desta frontera, el peruano de su marido la agarrará. El mismo martes, mientras yo pensaba todas estas cosas camino al Tarragona de plaza de armas, veo que la calle esa donde están las joyerías está cerrada por pacos y ratis. Vi al Pecas con el tío Parche, estaban sapiando lo que pasaba, entonces me dirigí hacia ellos. EL tío Parche me lo resumió muy bien: “Una peruana loca le disparó a su esposo y después se mató, dejándole a su hijo un horrible, horrible futuro”.
Saludos.

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