viernes, 24 de mayo de 2013

Sonrisa traicionera

En el nombre del padre: Yo (el burro por delante), el Baraja, el Pecas, el tío Parche y un hombre pelao que venía acompañando al tío Parche.

En el nombre del hijo: Una mujer espectacular sentada varias mesas más allá, miento, no era espectacular, era lindísima, aclaremos las cosas: espectacular es aquella que vuela y que detiene las balas con la mirada. Lindísima es aquella que tiene una cara por la que matarías a tu madre y a la de toda la humanidad por ver a esta mujer sonriéndote en pelota, leíste bien, en pelota. Pa’ verla sonreír es cosa de decirle cualquier lesera y pa’  verla sonreír en pelota es cosa de que alguien le pague un par de trillones de pesos y todos la podrán ver sonriendo en pelota, pero sonriÉNDOTE en pelota, a ti mismo y a nadie más, NO TIENE PRECIO, o sea, sí lo tiene, matar a mi mamá y eso (pobre madre mía, siempre la mato en mis historias y en mis mentiras) (pero filo, yo la mato si puedo ver a esa chiquilla en pelota y sonriéndome).

En el nombre del espíritu Santo: les apuesto que no son capaces de ir y hacer que la chica se ría.

De seguro el pelao que estaba acompañando al tío Parche no era un empresario magno del imperio de Chile, lo más probable es que sea tan perdedor como nosotros, así que la cosa era la siguiente: 5 hombres socialmente fracasados, gambleros de tomo y lomo, intentando hacer reír a una mujer lindísima. Todos nos pusimos nerviosos de solo pensarlo. Hablarle a una mujer linda sin ningún motivo aparente era un suicidio social, además nosotros, los más feos entre los feos, los más tontos entre los tontos, los más humildes entre TODOS LOS HUMILDES DEL UNIVERSO, no teníamos nada de alcohol en nuestra sangre, cosa contraproducente en estos actos de valentía. En eso aparece su pareja, la de la chica, un toro de cómo 9 metros de altura  y su desplante y personalidad competían con sus músculos y su cara hecha por la caridad de la divina providencia.
No teníamos por donde, por lo mismo apostamos.
La apuesta era la siguiente: Iríamos uno a uno a través de las mesas a saludarla para hacerla reír y el que no lo lograra tenía que romper su tarjeta de cuenta rut como penitencia (a través de esa tarjeta nos pagan a todos, perderla era lo peor). Para ver el orden de las idas, el Baraja sacó su baraja (por algo el sobrenombre)  y cada uno extrajo una carta al azar, por su puesto el que sacaba la carta más alta partía y por supuesto yo saqué la más baja, el puto 2 de corazones.

Quina de picas (no supe cómo escribir el nombre de la carta, se pronuncia “Cuina”): El pelao se levanta bastante nervioso, no es para menos, camina entre la gente, pasa por las mesas que están entre él y aquel demonio de mujer. Quiero decirle que es la persona más linda que he visto. Ambos se giran, el hombre sorprendido y la mujer con una cara (hermosa) de interrogación, en eso el pelao dice con el mejor tono de travesti de Parque Bustamante: ay, ridícula, le digo a él. Ambos ríen.
Ese acto, señores, era mi plan. Cuando miré horrorizado al Baraja este me miró y me dio a entender, por su mirada de espanto, que él también había pensado hacerse el colipato.

9 de diamantes: El pecas nunca fue muy vivito, pero de seguro es el ser humano más simpático de la capital. Sin embargo al levantarse se notaba que no tenía ninguna idea, estaba aterrado, ni siquiera habló. Pasó entre la gente, entre las mesas y cuando estaba a la vista de la chica, cruzó una mirada con ella, una mirada directa y, en ese preciso segundo, cruzó uno de sus pies con la pata de una mesa. Caída, otro recurso clásico. Al maldito le salió sin querer, por lo que dijo después, y le provocó una carcajada tal a la chica que ya solo quedaban 3 derrotas, o eso creía yo.

8 de corazones: Como todo viejo crack, el tío Parche se puso de pie con una confianza que, en principio, no existía en su corazón, pero de tanto hacernos creer en su falsa confianza, posiblemente el también confió en su confianza falsa. Tengo que dejar de escribir así jajajaja. Ya, la cosa es que se puso de pie, y, en el camino, se robó impunemente un par de tragos que había en la barra, tragos caros, eran esas copas con colores. Se acerca a la pareja y dice sonriendo como abuelo: chicos, buenas tardes, la casa invita. Se lo agradecieron con mucha amabilidad y esa amabilidad contemplaba una sonrisa que lo eximió de romper su tarjeta de cuenta rut.

Ya para este punto yo estaba desesperado, no entiendo como alguien se puede reír después de 5 interrupciones seguidas, SEGUIDAS, no tenía como ganar, no tenía ningún plan, y el Baraja no estaba mejor. Su baraja lo traicionó y quedó penúltimo. Me miraba con agonía, yo pensaba que ese horror nacía de su ausencia de plan. Me equivoqué.

5 de trébol: El Tito Baraja, mi amigo, mi camarada, siempre me traiciona. Yo hago lo mismo, siempre, es como una competencia tácita entre nosotros. Cuando se acercó a la pareja les susurró algo y apuntó hacia donde estábamos nosotros sentados, los dos miraron y quedaron sorprendidos, se voltearon para ver al baraja y este recibió las “gracias” con una sonrisa tan verdadera que la falsedad de la misma era vista únicamente  a la distancia, por la mesa donde nosotros estábamos. Por supuesto los dos hijos de Adán, que no habían podido estar tranquilos en su velada, le dieron las gracias también con una gran sonrisa. Otro ganador. El Tito no volvió a la mesa. Nos sacó el dedo de al medio cuando la pareja ya no estaba viéndolo y salió del local. Nos hizo una señal que indicaba que nos esperaría fuera.

2 de corazones: entre los segundos en que los de la mesa me molestaban por mi inminente derrota producto de una traición, mientras me ponía de pie, se me ocurrió el siguiente plan. Podía llegar a donde ellos y… la verdad no tenía un plan. Lo que hizo el Tito Baraja aún no lo podía comprobar pero a todas luces fue una mariconada. Bueno, ya estaba dicho, me acercaría  a la pareja y le confesaría lo de la apuesta, les pediría disculpas y le invitaría un trago a ambos. Original, mis pelotas. Chistoso, mis polainas.
-Hola, bueno, disculpen las mole-
-No, el chico que antes vino nos contó todo, que has estado mandando a tus amiguitos para esta mesa con la intención de poder culiarte a mi esposa. Si no te vas, yo mismo te pongo afuera del local- dijo el mastodonte y me tuve que retirar.

Amén: ahí entendí el horror del Tito baraja, era horror por traicionarme de esa manera tan cochina, Judas de mala muerte. Más tarde rompí mi tarjeta de cuenta rut, todos se burlaron y gritaron de alegría, el Baraja quedó como el ídolo y yo como el tontito. Pero yo tengo un secreto: mientras el mastodonte  me estaba amenazando vi de reojo a la chica. Me sonrió. No sé por qué lo hizo, pero me sonrió, perdí la apuesta, pero me sonrió, nadie la vio y me alegro, fue algo mío, únicamente mío. Sé que algún día me la encontraré y, luego de explicarle que era todo producto de una apuesta y de recriminarle la pérdida de mi cuenta rut, le diré que solo estoy a un par de cervezas de ser su eterno esclavo.

Saludos.

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