sábado, 18 de mayo de 2013

Coeficientes Intelectuals







Según tooooodos los test de internet –incluyendo esas weás de facebuk- tengo un C.I. nada despreciable. Entonces explíquenme por qué mierda me demoré 3 horas, 3 HORAS, en ponerle un puto fondo al blog y, para más remate, me quedó como si fuera la pared de un baño de cierto motel periférico. En otras palabras, para lo único que sirve mi cabeza es para imaginar mujeres, imaginar resultados de carreras e imaginar esas típicas historias cínicas, muy cínicas, en que uno, como héroe, pelea contra tres flaites y chazám, vas rompiendo quijadas y quebrando brazos y pateando canillas, sin despeinarse ni agitarse, tranquilo, como esos huasos grandes que se agarran a cachos con medio Chile y arman pajarracas magníficas, de esas en que hasta yo- con mi típica humildad tan característica- me veo metido, y de pronto, pum, pacos, pacos, pacos, y se llevan a dicho huaso entre tres o cuatro y lo tratan por el nombre que le dio su madre o por el nombre que le dio la calle, y se lo llevan entre cuatro o cinco y el huaso no chista, total, caer por choro es caer por hombre y pardiez que lo soy, pardiez que lo soy y el que piense lo contrario que se coma flor de puño que acá vengo yo joder, que acá vengo yo. 


(Voy a releer esto que acabo de escribir para darme cuenta cómo terminé contando aquello)


Aaaaaaah, lo de la mente, lo de la mente, de cómo trabaja mi mente, camino dos pasos y me comienzo a imaginar cosas así,  pero esta vez el huaso tiene mi cara – que en mi maravillosa imaginación es atractiva en extremo- y en lugar de pelearse en el Marcoleta lo hago en un ring contra dos, no, TRES, tres compadres, inmensos, los más grandes de su generación, el primero preso porque mató a su mamá, el segundo condenado porque colecciona gorras ensangrentadas de carabineros y el tercero, ay humanidad, el tercero es el peor, tres perpetuas, todas al hilo y por el mismo hecho: le gusta matar traficantes, él dice que es porque es peligroso, porque le gusta. Y yo, con mi cigarro y mi uniforme de costumbre, ni me aflijo, nada de nervios, le digo al Baraja que se quede con mi pucho, que voy a palmarme a estos tres organtutruanes y vuelvo. Las mujeres gritan de emoción, de excitación, el réferi se seca la frente con pañuelo y siente que su sudor es más abundante de lo común, no está provocado por las luces del ring, y qué ring, graderías llenas, están todos esos muchachos del Club México que siempre me ocupan de pushingbag, expectantes por mis mortíferos, letales y venenosos golpes, soy una máquina, soy una máquina, soy una máquina lubricada con veneno. TING TINGytodopasamuyrápido, antes de que suene el tercer campanazo –nunca supe porqué le dicen campana, en el Club México hay un viejo que le dice “pana” me da mucha risa aquella palabra y, desde ahora, la ocuparé- veloz como nadie reparto tres golpes a una velocidad tan, pero TAN potente que rompo la barrera del sonido varias veces, me la violo, y chaz, golpe en la tráquea, prok, en el estómago y zuak en la nuca TING, suena la pana –jajaja “pana”- y todos se levantan llorando de emoción por lo que acaban de presenciar, ooooh y gritan al son de mi triunfo: SE-MO-LA, SE-MO-LA, SE-MO-LA, el Baraja me entrega el cigarro que casi no fumé y me lleva a los camerines, looooco te pasasteeeee, en él, en los camerinos, tres mujeres, Tss elige una amigo, yo me quedo con las otras dos, le digo… Se imaginarán el resto…¿no?... TENEMOS SEXO, pero que quede claro que cada uno por su lado, nada de mezclar nuestros penes, pero tenemos muuuuuucho sexo y en mi fantasía de caminata ebria imagino que soy un se-men-tal, gritan aaaaah, aaaah, aaah las tres al mismo tiempo ¿cómo es eso, las tres al mismo tiempo? Pico idea! Es una fantasía y estoy ebrio escribiendo en el puto blog que me costó 3 horas en arreglar!
 
Buenas noches.

2 comentarios:

  1. Escribe ebrio otra vez, por favor

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    1. Oye, anónimo, tienes razón. Mañana a esta hora estaré horrendamente borracho. Veré qué sale.
      Un abrazo. O dos. Mil gracias por comentar, ya había olvidado la primera entrada.
      S.

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