martes, 7 de febrero de 2017

Diez disparos al suicida

A continuación, una lista de mis 10 géneros literarios favoritos.

Mi primer género literario favorito son las contraportadas. Jugadas y breves, es el antecedente del blog y sus entradas.

Mi segundo género literario favorito son las precisiones técnicas durante el culeo. Más despacio. Dale, así. No todavía. Con la lengua. Es la primera brújula de la humanidad.

Mi tercer género literario favorito son las notas al pie. Es como cuando un alguien del público dice algo mortalmente interesante durante una obra de teatro. Lo escuchas, lo celebras y vuelves a la obra.

Mi cuarto género literario favorito son las conversaciones imaginarias que nunca tuviste. Esperanza: quizás en algún universo paralelo yo no soy un perdedor.

Mi quinto género literario favorito son esas canciones que inventas mientras haces alguna labor aburrida. “Con mis lágrimas este vaso lavaré, lavaré”. Aún nos queda esclavitud en las venas.

MI sexto género literario favorito son los comentarios de los usuarios en los videos porno. Nada más sincero que alguien buscando camaradería. Nada de tabúes, sólo obscenidad.

Mi séptimo género literario favorito son las mentiras que le dices a tu madre para tener más permiso. Aun no termino la disertación, mamá, me demoraré otro par de años en volver a la U.

Mi octavo género literario favorito son las faltas de ortografía y solecismos en las cartas de los suicidas. Porque al final, la formalidad es para burguesitos. Lo único que importa es la sangre.

Mi noveno género literario favorito son las etiquetas de los vinos. Nunca se había escrito tanto sobre una fruta. Leer luego de beber; cuenta como letanía.


Mi décimo género literario favorito son las palabras que salen cuando cantas una canción en inglés, pero sin conocer ese idioma. Lo importante es el significante. Lo único que importa es la sangre.

domingo, 29 de enero de 2017

Extinguiendo burros y llamas

Veo a mis amigos hablar de temas sueltos, desprovistos de cualquier hilo conductor, de toda contingencia, con giros cercanos a la esquizofrenia; me veo a mí mismo participando hombro con hombro de esa orgía temática sin ojos ni boca (bailo bien entre ellos); recuerdo a mi papá que en un arranque de sinceridad (borrachera) me dijo que si seguía estos pasos (los que sigo dando ahora) terminaría desapareciendo y, por desaparecer, se refería a que nunca tendré hijos. “Entonces mi fracaso será tu fracaso”, debí responderle, porque claramente no tendrá nietos, su historia termina en mí, “no habrá más sujetos como tú”, pude decir, pero durante esa conversación me puse a jugar con un cuerito que tenía en el dedo gordo y no le respondí nada.


Hace poco me enteré que los burros están en extinción. Es más económico mantener maquinaria de trabajo que a un burrito, entonces lo descuidaron y dejó de reproducirse y ahora está en números rojos. En México, por ejemplo, pasaron de varios millones a unos quinientos mil en menos de un decenio. El animal que llevó a Sancho y a Jesús en su lomo está desapareciendo. Pero, aunque deje de caminar por el monte, el burro no se irá. Por ejemplo, recuerdo que un tourette visitó una vez a la Doctora Polo. Entre todas las barbaridades que suelen decir, gritó “burro” un par de veces. Funcionaba como grosería. Si desaparecen todos los libros de la tierra, el burro seguirá viviendo como una palabra. Y no cualquier palabra, sino que será un insulto (la mejor clase de palabra). Es lo más cercano a la inmortalidad. ¿Algún día alguien dirá “Sémola” como garabato? Mis amigos dicen “pasó un Sémola” cuando, por Suerte, ocurren dos cosas malas y una muy buena. En verdad nunca lo han dicho, pero sería lindo. Ellos deben tener sus propias aspiraciones para no desaparecer, aunque sean igual de inútiles que la mía. Una declaración de principios escrita con lápiz mina. Da igual, si es con la finalidad de clausurar esta progenie. A diferencia del burro, que merece quedarse en carne y espíritu, nosotros somos un lastre, no los músculos que lo arrastran; veo al Pecas, mi amigo, y tiene la mirada de los típicos conchetumares que bajan la producción nacional y que aumentan los índices de cesantía. Un buen chato. Antes de irme arrasaré todo lo que pueda haciendo esto que hago, aumentando los índices de cesantía y boicoteando la producción nacional con mi flojera. Ser un lastre como forma de hacer política. La flojera como lucha (o como proyecto de lucha). Hoy, queridos, tengo el mismo color político que un incendio.


sábado, 14 de enero de 2017

#Cémola

Se supone que es política de Starbucks escribir mal la gran mayoría de los nombres en sus vasos. Estarás tan indignado que subirás una foto del error, reclamando: “Increíble la ortografía de la gente. Qué mal sabor tiene el frapuccino cuando está mal escrito tu nombre #enojo #cemola #eduaciondepinochet”. Y así, gratis, estarás subiendo una foto que publicita la marca ¿Quién es el güeón? ¿Ah?

Esos lectores que publican estados atacando a la “mala” literatura ¿caen en el mismo juego? ¿Le importará a Cohelo lo que pienses de sus libros? Creo que no. “Es publicidad gratis”, respondió Isabel Allende cuando pasó lo de Bolaño. Cayeron redonditos ante una estrategia canalla y efectiva. Las obejas negras siguen siendo obejas.


Nunca usaría esos trucos tan cochinos.

jueves, 12 de enero de 2017

De la meritocracia

Lo escucho y pienso que aceptar sería, quizás, una contradicción muy grande como para dejarla pasar por el lado, cuestión que acostumbro a hacer con mis contradicciones, que son muchas (más de 35). Yo, que rezo todos los días para que pronto llegue el fin de este mundo canalla, no para estar más cerca de la vida eterna, sino para no volver a este lugar. Yo, que vengo a bogar todos los días a esta galera maldita con la esperanza de anestesiarme pronto, para que deje de dolerme. Yo, el Sémola, quien alguna vez luchó por ser el engrane que quebraría esta máquina maldita. A mí, a ese sujeto, el de los 40 atrasos seguidos, el que apostó las llaves de su casa, le están ofreciendo un ascenso en el trabajo. Jefe de bodega, que es como decir "emperador del planeta".

Luego de la misteriosa desaparición del jefe de bodega (tengo la corazonada de que está muerto. O en Suecia, es lo mismo), quedó una vacante. Semolita, pienso que harías un excelente trabajo como jefe de bodega, ya conoces todas las mañas y sabes ocupar Excel, piénsalo, me dijo. Por conocer todas las mañas, se refiere a que sé dónde se guardan los lápices y las fichas. Por saber ocupar el Excel, se refiere a que puedo diferenciar su ícono del resto, además de que soy un experto haciéndole doble click. El resto del día estoy en Paint.


La inutilidad que manifiesto día a día es invisible para mi jefe, pues tiene que elegir entre el Sémola y tres extranjeros. Odia a los extranjeros. Son dos haitianos que lo único que saben decir bien en español es “tula grande” (yo se los enseñé, aún no saben qué significa) y un peruano sordo, a quien apodamos “Tula grande” (él no sabe que le decimos así). Éste último es el único que trabaja, pero no sé muy bien en qué, si la única cosa que hay que hacer es apilar cajas y llenar sus respectivas fichas antes de que las saquen. Eso último lo hago yo. Llegan dos veces a la semana, las cajas, el resto es Paint. De hecho, para que la pega se haga bien bastaría con el peruano y otro más, pero he intentado guardar el secreto, porque de eso depende mi pega y mi libertad para leer en los horarios de trabajo. Ganaré 40 lucas más, lo que en mi mundo es una tesoro porque, si soy precavido, puedo comer una semana con 10 mil y con el resto puedo seguir haciendo apuestas güevonas con los haitianos. Si lo ponen en resumen, seré un tipo sin atributos al mando de gente que no entiende qué pasa. Seré Piñera.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Otra rosa en el altar de la Fortuna


— Phoebe es claramente marxista. En varios capítulos habla sobre la lucha de clases y sobre el rol que jugará ella en la revolución, revolución que será violenta, se cacha porque amenaza muchas veces a los otros chiquillos de Friends. Es letrista, que es una forma fifí de decir que es poeta, y todas sus canciones tratan de elementos bajos de la sociedad, como animales, desgarros, suicidios, porque ella vivió en la calle, viene de abajo, güeón, no como el resto, que en el peor de los casos partió de la mitad. Por eso Phoebe es mi personaje favorito de Friends, claramente es un punk — Me dijo la promotora vestida de viejito pascuero.
— Se nota que la pensaste. Yo viví en la calle un tiempo y no me las doy de escritor — mentí—. Además, el mejor personaje de Friends es Chandler. Cualquiera te dirá que destaca por ser el más chistoso. Error. Chandler es el más depresivo, de hecho no ríe casi nunca, pero sí hace reír al resto. Esa contradicción está en la base del personaje, es una especie de demiurgo de la comedia. El bufón del tarot. Fuma, pero no fuma. Tiene un papá que es mujer. Se casa con la mandona. Sí, parte desde arriba, gana mucha plata trabajando de transpondster, pero está chato de eso, está harto de la estabilidad y se sale del camino y se vuelve una especie de escritor fracasado, pero perfecto, de esos que parten después de los 40, tan robusto como los Andes, lo que es casi una reescritura de la vida de Raymond Chandler. Güeá obvia: se trata del único personaje humano, por ende, mi favorito— le respondí.
Como nota de vanidad, puedo decir que la dejé impresionada de buena manera. Todo partió porque me pilló robando un queso, acción que ya es tradicional entre los supermercados y yo. Me increpó no muy convencida, una cosa llevó a la otra y terminé diciéndole que me parecía re travesti que las promotoras se vistieran como viejito pascuero, pues era como vestirse de hombre, pero le dije que era más curioso que uno las encontrara sexys, así, disfrazadas de hombre, pues ellas eran re travestis, y uno, un homosexual en potencia, todos los hombres, porque nadie se ha detenido antes a pensar que te está calentando una mina vestida de hombre, y no de cualquier hombre, sino que de Santa Claus, San Nicolás, Papa Noel, el de los muchos nombres, El Viejo Pascuero, por la mierda, el mago más poderoso de occidente, la barba más frondosa desde Odín, todo sobre la panza de un borracho, que maneja animales igualmente borrachos, nariz roja y todo, un hombrón, vieja escuela, un galló, lunfardo y coa desde que despierta hasta que se acuesta, no deberíamos calentarnos, le decía, si nos jactamos de la heterosexualidad, le decía, pero yo no me jacto de eso, le dije, pero sí de otras cosas, comenté, y de qué cosas, me preguntó, de lo que siento por ti, estuve a punto de decirle, pero me detuve y me la jugué de la peor manera, salvaje y directo como un hachazo, le dije que ella, sin duda alguna, se vería más linda sin nada de ropa; fue un balde de agua hirviendo. Oh, sorpresa, no se ofendió y quedamos de vernos en Año nuevo, después de las 00:00, ya borrachos.
Amigos, todo indica que esto es un milagro de navidad. La volveré a ver, ojalá desnuda. Si no logro remojar los cochayuyos de mis costas, que de mí se diga la peor bazofia, porque mi paso por este mundo será un desperdicio de aire, si no logro gritar POESÍA entre sus piernas. Pretendo perder de nuevo mi virginidad. Otra rosa en el altar de la Fortuna.

martes, 20 de diciembre de 2016

El jote, el buitre y el cóndor


Personalmente, no podría identificar las diferencias entre un jote, un buitre y un cóndor, pero estoy claro que los tres corresponden esencialmente al mismo pájaro. Su familia, hermosa etimología, son los catártidos (cathartidae), nombre que se ganaron porque despojan y purifican el suelo de cadáveres (hermosa metáfora). También son animales siniestros y tremendamente mal educados; lo que es un acierto, pues se requiere pecar de obsceno si se desea practicar la necrofagia. En Chile al menos, estas tres aves representan las etapas de una derrota amorosa.

Todo parte con el joteo, zarabanda coquetona con intenciones transpiratorias. Extiendes las alas y buscas lucir por sobre los demás. Acá vengo yo, conchetumares. El apellido con más consonantes. El caballo con más droga. El Han Solo de de San Diego. El éxito dependerá de qué tan buenos somos en fingir que somos naturales. A mí me sale estupendo y aun así conozco gente totalmente superior, esos que nacieron para cortejar.

Luego vine el buitreo. O witreo. O güitreo. Es una metáfora: cómo damos a conocer nuestro real yo, de la forma menos delicada, mostrando las entrañas, el colmo de la vulgaridad. Exorcizar eso que nos hace especiales. Vomitar los detalles más lustrosos y recónditos. En mi caso son cuestiones triviales. Se acaba la ilusión, vuelvo a ser un tipo normal, el más normal. Así preparo el terreno para la tercera etapa.

El condoro: crasus error. Todos caeremos. Por ejemplo, suelo decir cosas como “si me dejas, dejaré de cagar” o “te amo tanto que olvidé traer condones” o “soy capaz de matar a mi familia con tal de verte sonreír” o “dame una quinta oportunidad” o “pensé que estaríamos juntos hasta el martes que viene” o “te juro que fue mi primer beso” o “te regalo un libro si aceptas” o “yo inventé el amor” o “a mí también me gusta tu hermana” o “sé que soy culiao, pero también soy mentiroso” o “no sabía que estábamos juntos” o “ya tenía nombres para nuestros hijos” o “el sexo oral no cuenta como infidelidad” o “perdón, no dormí muy bien anoche, pero dale” o “te juro que es primera vez que me pasa” o “no caché que era tu nariz” o no puedo, estoy con la regla o me gustas porque no eres simétrica” o perdón, me acordé de un chiste del Chavo. Etc.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Blondi, primera parte.

Primera cerveza:

—Pucha, a mí no me gusta mucho Javiera Mena porque la confundía con Camila Moreno y, cuando la gente hablaba de una, yo pensaba que era la otra; me tocó hacer el ridículo cuando apareció en el festival de Viña, porque estaba esperando que sonara un tema que no es de ella, que es de la Camila Moreno, y les pregunté a los cabros qué onda con el tema este y, loco, me hicieron mierda, me hicieron mierda. Acá te pueden perdonar lo que sea, incluso ser feo, pero nadie nunca te perdonará equivocarte de cantante, eso no se perdona, Tito, en serio, ni que hubiese dicho algo facho, es como cuando le dije a una mina que la Drácula de Cópola era una mierda porque…
—Sémola, vamos a ir DESPUÉS DEL RECITAL, DESPUÉS DEL RECITAL. Nadie te pedirá que nombres los temas o que los cantes, nadie güeón, y nadie te conoce, así que tranqui.
—Pero es que además estoy súper sobrio y me fastidia entrar a las discos sobrio, porque me las doy de antropólogo y analizo (o hago como que analizo) el comportamiento de las personas, así como si yo fuera muy distinto, pero soy igual que todos ellos, Tito, incluso peor, una escala más abajo, porque al mismo tiempo soy re caliente, al principio era como un premio, esto de la calentura, pero ahora me pajeo cada vez más, de hecho el sábado, mientras veía el Chavo del 8...
—Eso se quita tomando.
— ¿Lo caliente? ¿El Chavo del 8?
—Lo sobrio, por la chucha.

Segunda cerveza:

—Sémola, la flaca de negro que está bailando atrás de nosotros te está mirando. Aplica. Haz tu magia.
—Puta, es que no me agarro a mujeres que sean más altas que yo. Ni siquiera lo intento.
—Ojo, que si un humano es bajo que tú, ya cuenta como enano. Con ese criterio de mierda segregaste al 80% de todas las mujeres, no solo de la Blondi, sino DEL PLANETA. Y considera que es muy probable que el 20% restante sean lesbianas.
—Me gustan los enanos, son seres bien nobles. Y las lesbianas. Yo también soy lesbiana un poco.
— ¿Por qué no te gustan las altas?
—No he dicho que no me gusten. Lo que pasa es que soy precavido, porque mayor tamaño implica más peso y, en caso de sexo, no tendré la fuerza para tomarla en brazos o algo por el estilo.
— ¿Hacís eso con regularidad?
— ¿Qué cosa? ¿Culiar?
— No, tomar en brazos, levantar mujeres al culiar.
— No, creo que nunca lo he hecho.
— ¿Y por qué entonces lo dijiste como limitante?
— No sé. Además, si alguien me ve con una mina muy alta, estoy a una foto de ser un meme. A una foto, Tito, y soy muy tímido para eso. Luego todos dirán “mandarse un Sémola” o “hacer un Sémola”.
— Puta, no todos pueden alcanzar la inmortalidad con su arte. La gente como tú está destinada a ser un meme. Deberías aceptarlo con la frente en alto.

Tercera cerveza:

—Tito, este tema es excelente, pero es mejor la versión de Nick Cave.
—Güeón, son las Supernovas.
—Sí, son súper buenas. ¿Tú cachai si el Dj acepta recomendaciones? Un tema de Nick Cave, es todo lo que pido. Uno corto. Que lo elija él.
—Sí, los Dj son personas abiertas al diálogo, sobre todo el de la Blondi. Anda a preguntarle altiro para que lo programe.

Cuarta y quinta cerveza, encaramado ahí, donde ponen la música:

—Jefe, a  qué hora la canción de Nick Cave.
—Bájate, no podís estar acá.
— ¿Cómo?
—Bájate, bájate.

Sexta cerveza:

—Pondrá Nick Cave más ratito, te lo apuesto. Oye, ¿aún me mira la flaca de negro?
—No. Falsa alarma. Es lesbiana.
— ¿Cómo supiste? ¿Se pescó a otra mina?
—No, es mi radar de gays, que es infalible. No ha fallado nunca. Es un don.
—No es un don, es estadística y raja, Tito. Conocí a un tipo que decía que podía adivinar cuando una mina estaba embrazada. Era súper trucha, porque sólo había dos posibilidades “sí” y “no”. Entonces no hay adivinación, es cuea. No como mi don.
— ¿Cuál don? ¿El de los conchetumares? Es una mierda.
—No: ser conchetumare no es una categoría ordenada polarmente contra otro término binario. Es una gradiente. Te explico, en esencia, todos somos conchetumares, entonces, mi don consiste en que puedo adivinar en qué nivel de…

Mientras exponía, el Tito se escabulló. No me di cuenta y seguí hablando. Él hizo su paso coqueto. El “Personal Jesus”, le dice a su paso coqueto, que curiosamente es igual a mi paso coqueto, que suelo denominar el “Personal Jesus” y que inventé antes que él. Le funcionó el “Personal Jesus”, se acercó impúdicamente a la mina, explicitando sus intenciones claramente sexuales. La flaquita de negro, bien linda, quien en verdad no era lesbiana, porque se agarró a mi amigo, le comió hasta los bigotes. Más tarde, el Tito confesó que había mentido sobre su veredicto, todo para conseguir una chance, aunque posiblemente dijo que había mentido para mantener la ilusión de su don. Pero mi discurso no se perdió en el vacío. No tuve tiempo de indignarme por la jugarreta del Tito, canalla entre canallas. La explicación de mi teoría llegó a oídos de una mina que bailaba cerca de nosotros. Era igual al vocalista de Journey, pero en mujer, con tetas y eso. Era como la hija del vocalista de Journey. ¿Querís una piscola? preguntó. Acepté: era más baja que yo.