miércoles, 2 de agosto de 2017

Seré el nuevo inquisidor

Llevo una semana solo y durante este tiempo he hablado mucho conmigo mismo sobre un tema. Así, concluí algo radical: me despojaré de mi sexo, amputaré cualquier signo de libido, convirtiéndome en un caracol, en un molusco asexuado, huraño y eunuco, totalmente aséptico, higiénico, sin olor, translúcido e insípido. ¿Por qué? Porque siempre pienso en culiar. Y siempre que pienso en culiar termino cagándola, rompiendo cañerías que mojan a personas que no se lo merecen, exponiéndome al ridículo. Pero ya basta de ser una vergüenza imperdonable. Desde ahora seré el cuerpo plástico y frío de una muñeca. Pisé la trampa del neo puritanismo, me convencieron. A la hoguera lxs que vandalicen el amor manchándolo con los fluidos de una cachita. Censura para quienes hablen del sexo como si se tratase de una autopsia. Olvido para los poetas pornográficos. Ay de quién diga "culear". Ante ustedes está el nuevo acólito de la inquisición.

sábado, 29 de julio de 2017

La mujer rota



En mi casa hablábamos sobre mal entendidos que derivaban en lecturas de importante calibre. Como todo estudiante flojo, comenté que en varias ocasiones entendí pésimamente los libros que me obligaron a leer en el colegio, pero que el resultado no siempre fue tan malo. Por ejemplo, leí Alsino bajo total distracción y, en parte por ignorancia y en parte por enfrentarme a un nombre nada binario, entendí que uno de los personajes llamado Abigail era un hombre; lo imaginé calvo, ya mayor, Abigail es nombre de caballero y se notaba que le tenía ganas al protagonista. En la prueba me desayuné con el hecho de que se trató todo el tiempo de una mujer, cuestión totalmente decepcionante, pues la trama gay era mucho mejor. Una de las invitadas dijo que deliraba cuando iba a la panadería y alguien decía “¡qué fresco es el pan!”, “siento húmero el pan”, “el pan está calentito”. Primero se imaginaba hallullas y marraquetas de buena calidad, pero luego de perder parte de su ignorancia (o inocencia), no podía evitar imaginar al dios Pan tentando a los humanos, tan cochino como siempre, húmedo, caliente y duro. Yo conté el cómico esfuerzo que levanté por inventarme una mitología personal en torno a la Fortuna, su rueda, la diosa. En ese tiempo, en cuanto leí el título ‘La Mujer Rota’ entendí ese ‘rota’ como un verbo, onda, la mujer que rota, que gira, o sea, la Fortuna. Leí el libro y para mí tuvo más sentido que el adjetivo del sentido original. Me enteré de mi error ya en la universidad, conversando con mis compañeros. En esto me apoyó una, dijo que su primera impresión ante ese título fue clasista, del tipo "la mujer rasca". Obviamente era un libro facho, agregó. Otra de ellas, la más severa, dijo que cuando joven vio la foto solemne y extraterrestre de Joseph Goebels acompañad de esas clásicas líneas que se le adjudican “miente, miente, que algo quedará”. Por su foto en blanco y negro, evidentemente se trataba de un escritor y su frase obviamente era un consejo literario. Cuando reparó en su error (viendo el History Chanel), ya era tarde, pues ya era una mentirosa afilada y durante un año escribió bajo el perturbante pseudónimo de Eugenio del Alba. La otra chica, la cínica, dijo que estuvo buscando por tres semanas el libro “El Hoy”, que fue encomendado por su profesor. Se sintió pasada a llevar cuando descubrió que era “Eloy”, pero se sintió peor cuando terminó ese libro, que nada tenía que ver con el hoy. Se fueron sobrias y estoy seguro de que una de ellas me robó un par de calcetines. No me dieron tiempo de preguntarles por lo del trío. Igual hubiesen dicho que no.

sábado, 15 de julio de 2017

Nieve


Anoche llamó mi hermana. Estaba llorando. Dijo que su gata había escapado y que llevaban horas buscándola, sin novedades. Llamó otra vez en la mañana. Encontraron su cuerpo bajo un arbusto, lejos de la casa. Al parecer murió de frío. La fuimos a enterrar al cerro: aún había nieve, un buen paisaje. Caminando de vuelta me dijo que, a pesar del frío y de la muerte, el cadáver de la gata aun tenía pulgas cuando lo recogió. Confesó que eso le dio risa. “No hay respeto en la naturaleza”, dijo, como si contara un chiste. Es la primera vez que me dice algo que delata su falta de inocencia. Ahora en mi casa, pienso que quizás ya no sea virgen. Hoy en la noche habrá temperaturas bajo cero. Iré a la Blondi.

martes, 4 de julio de 2017

Itaú

Yo, que soy un conchetumare con tilde en todas sus vocales, el comic sans de la wea, sé reconocer el potencial cuando lo veo. En el boxeo, los golpes más espectaculares vienen desde abajo ¿Qué motiva que una persona común y corriente haga cosas espectaculares? Algo metafóricamente similar. Por ejemplo, las bicicletas Itaú son feas y malas. Vienen con defectos, chillan al frenar, son lentas, naranjas, toscas y pesadas. Eso provoca que sus usuarios se esfuercen el triple, convirtiéndolos en unos arrojados. No hay respeto en el mundo de las Itaú. No hay tregua. Con esa bicicleta horrible no hay espacio para la prudencia, te conviertes en una bestia que no respeta ni las leyes del tránsito más básicas, como el sentido de las calles o el color rojo de los semáforos. Todo motivado por el complejo de inferioridad que les otorga este feo vehículo.

Así soy yo. La bicicleta Itaú del blog, de la literatura, de la vida.

sábado, 17 de junio de 2017

A 10 años de la partida del Ilustre Enrique Campos Menéndez

El otro día se cumplieron 10 años de la muerte de Enrique Campos Menéndez, el escritor. A mí no me sonaba, llegué a él por accidente. Algunos indican que fue excomulgado de las letras chilenas cuando le robó el premio nacional a Donoso, galardón que parece haber obtenido por influencia de Pinochet. Parece que fue un pésimo escritor. Lo supuse porque en internet hay pocas referencias críticas de sus libros. Al principio, pensé que este silencio se debía a que su labor de asesor cultural del dictador eclipsaba su obra literaria, así que me armé de café y me leí algunas de sus publicaciones que hay en Memoria Chilena, pensando lo típico, que la mordaza que le pusieron fue injusta y que estaba desenterrando una reliquia. Error. Digamos que no me gustó su literatura. Es una prosa ampulosa, aunque lo importante es la evidente ausencia de humor que hay en sus escritos. Decepcionante, pues esperaba encontrarme con un compadre cáustico.

Sentí mucha simpatía con este ejercicio de nigromancia. De hecho, con la lectura de su autobiografía sentí algo capital. En ella hay varios pasajes en donde reflexiona sobre el arte de escribir y sobre la figura del escritor, validando a cada rato sus dotes para este baile. Suelta una apreciación clasicista de lo que es el escritor, algo anacrónico y totalmente ridículo si pensamos que fue escrito al final de los 70’, con máximas como esta: “Ser escritor exige certeza, ansia de saber y un desvelo continuo de perfección”. Luego, hay varios momentos en que deja bastante claro que está apuntando al Olimpo de la memoria, acción que esculpe con trágica seriedad:

“Lo serio, mis amigos, son los libros. Esa es la verdadera palestra del escritor. El cauce natural de su expresión. La huella permanente de su inquietud y de su tránsito”.

Por lo mismo, su orgullo dolido estuvo a punto de autoaniquilarse cuando confiesa haber perdido un concurso literario, de cierto renombre, que se llevó a cabo en Argentina. Según cuenta, antes de saber el fallo del jurado, ya tenía la champaña lista para explotar. Quizás hasta pensó palabras modestas con qué sopesar el pudor y la fama que acompañan a la victoria. Pero bueno, no ganó. Él se lo adjudica a la desventaja de su nacionalidad chilena en un certamen extranjero. Pero la derrota lo hizo reflexionar sobre la agudeza de su arte. Quizás no era tan bueno como pensó, confiesa. Su ánimo cambia cuando se entrevista con uno de los miembros del jurado. Éste le cuenta que había mandado a imprimir su libro en braile y que, oh musas, era el libro que los ciegos más solicitaban. Enrique Campos Menéndez lo cuenta con orgullo, como evidencia de que su derrota no fue la más justa, pero leyéndolo acostado en mi cama resuena como una gran broma. Su carrera literaria es una broma. Es un chiste, porque sus esfuerzos se concentraron en ser imperecedero y su esforzada pirueta parece haberlo convertido en lo contrario, en un olvidado más. Al respecto dice algo rico en humor, aunque sin querer, me temo, como esas jirafas recién nacidas:

“No me cuesta improvisar; pero es un género ingrato, que deja poco o nada en los anales literarios y menos que nada en la memoria de los oyentes. El aplauso no es buena compañía y los que se respaldan en ese halago se apoyan en el vacío”.

Me reí satisfecho, como si luego de pegarle un paipe escondiera la mano y mi fechoría quedara impune. Luego recapacité ¿Habla de los aplausos o de los likes? Mientras otros muertos llenan las librerías con su legado, este tipo se encuentra encerrado en una pieza oscura y helada, en donde nada se escucha y donde nada se ve. No está sólo, con él están todos los escritores que se han extraviado en estos dos mis años de historia. Entonces mi risa se intensificó, pero se transformó en reflejo de congoja, de susto, una risa pícara, esa mismita risa que lanzas cuando te ves al espejo y descubres que estás viejo y que luces feo. Seamos sinceros: voy derechito a esa oscuridad. Pero ustedes también. No habrá tragedia detrás de ese paseo, ningún rastro de seriedad ni de alto espíritu. Yo llegaré a esa habitación muerto de la risa y veré que Enrique Campos Menéndez se ríe también, desde el principio. “El sol se apagará”, decía Bolaño cuando le preguntaban por la inmortalidad, argumentando que daba lo mismo ser Anagrama o ser un bloguero anónimo de la red. Enrique Campos Menéndez, el mal escritor, el fome, se ríe porque el escritor más leído del planeta también terminará ahí con él, es cosa de tiempo ¿Llegará riéndose? Por supuesto que no, jaja.

lunes, 5 de junio de 2017

Estafa

El evangélico de mi jefe nos regaló unas Moleskines. No sé cómo habrá llegado a esa decisión, pero quedé encantado, sobre todo porque venían con ticket de cambio. A diferencia de mí, los haitianos y el peruano consideraron que esas libretas eran un mal regalo. Ofrecí comprárselas. A cada uno le di tres lucas. En la librería, ese modelo estaba a veinte... Hoy fui con las cuatro libretas a dicha librería. Las cambié por ochenta lucas en libros. ¿Se considera estafa? Sí. ¿Por qué? Porque no puede ser que con ochentamil pesos sólo alcancen 6 libros. ¿El culpable?: Anagrama. ¿La víctima?: El Sémola.

jueves, 18 de mayo de 2017

Snuff

No es realmente difícil hablar con una mujer, tomar la iniciativa. Tampoco es tan complicado lograr avances, es cosa de paciencia y puntería. Por el contrario, sí es difícil terminar con ella, decirle que ya no la quieres como al principio, que estás dispuesto a olvidar su cara. Lo haces sabiendo que trizarás su espíritu. Sabiendo que los recuerdos que acumuló con tu nombre volverán como estampida durante la noche. Aun así la dejas y te sientes un genocida, la bestia humana, pues no importa lo sensatas que sean tus razones, nada se comparará con el monumento de su tristeza, con su sueño aniquilado. Se mirará llorando al espejo y se preguntará qué hizo mal, qué hizo mal. Recordará rupturas anteriores y mentalmente construirá un mapa de su dolor, otra vez. Ahora recuerdo con amargura cuando tiempo atrás estuvo a punto de decir “te amo”. ¿Habrá callado por prudencia instintiva? ¿Por miedo? Hoy le dije que ya no la quería y momentos después, aun mirándonos, un relámpago cruzó el cielo y comenzó a granizar. Fuimos protagonistas de una película snuff, otra vez.