sábado, 22 de junio de 2019

Reseña Serotonina


Una constante en las novelas de Houellebecq es el efecto de anegación producido por las descripciones. Preciso esta idea: la constante evocación de marcas, publicidad y eslóganes abundan a tal punto que la lectura de estos pasajes se vuelve vertiginosa. Sumémosle esos momentos donde el entorno y el paisaje son descritos con extractos que bien pudieron ser sacados de guías turísticas (genuinamente pienso que esas descripciones sí fueron expropiadas sin ninguna reserva). Esta decisión es rara en el panorama de la literatura. En las descripciones del espacio, los autores suelen hacer gala de ostentaciones literarias bastante soberbias, evidenciando que buscan ser tenidos por sensibles antes que por inteligentes. Los entiendo, también soy vanidoso. Cuando un escritor no ha visitado un lugar y necesita describirlo, su aproximación al tema se sustenta en la misma literatura, en otro arte o en textos históricos que hayan recorrido ese lugar (textos periodísticos y geográficos en el peor de los casos), pero lo cierto es que Houellebecq cae aun más abajo y se sirve del lenguaje que utilizan las agencias turísticas para describir territorios, hoteles, carreteras, paisajes. Es coherente que haga esto si sus novelas exploran la irrelevante marca que dejamos en un mundo regido por el consumo. ¿Qué es el turista, sino el sujeto que interactúa con el territorio bajo la lógica del consumismo? Las descripciones turísticas de Houellebecq son el complemento perfecto para una tragedia que ocurre en una sociedad que por única bandera tiene al código de barras. No son daños colaterales del libre mercado, ES el libre mercado, las herramientas que nos vende para que sobrevivamos su infierno, sus tensiones políticas y sociales. Somos padres e hijos de nuestro propio trauma (a pesar de mi pobreza, asumo un poco de culpa en este desastre. Hace poco terminé Los Hermanos Karamázov. "Todos somos culpables de todo y por todos". Culpo también a las malas juntas que he hecho en el último tiempo).

Acabo de terminar Serotonina y, hay que decirlo, me reí más veces de las recomendables por la OMS. Pero también estuve abatido la mayor parte de los días que demoré en terminarlo (dos semanas exactas). Lo leí en un pésimo momento de mi vida, a la sombra del desierto que deja una persona al irse (solo en esa soledad te enteras que la amaste). Que esta humilde reseña cuente como advertencia: Serotonina es también una novela de amor. Si la leen mal parados, o necesitarán invertir en un psiquiatra o en una botella de cloro para poner fin a su calvario. Obvio que exagero, ¡yo soy sensible! A menudo me hacen llorar cuestiones absurdas como los comerciales de AFP o los de compañías de seguros, siempre mostrando tanta fe en el futuro. Jamás pensé que un publicista sería artífice de mis alegrías y de mis penas.

En resumen, si para catalogar un libro te debates entre lo cómico o lo terrorífico, eres un mal lector y estás ante un buen libro.

domingo, 16 de junio de 2019

Ventajas de ser Igor



Luego de limpiar mi librero, debo haber desatado la furia de la araña que vive ahí, personaje clásico de mi vida y de mi blog. Dormía calentito hasta que cerca de las 4 AM me despertó un dolor en el párpado. Al mirarme en el espejo noté un pequeño puntito en la esquina del ojo, puntito que en la mañana estaba convertido en una pústula asquerosa que mandó al carajo mi perfecta simetría facial, reemplazándola por un error de la naturaleza, un accidente de la estética destinado a vivir fuera los márgenes de lo moralmente aceptable. Quien se durmió como Adonis despertó como Grendel. Ha nacido el Cacofacial, enemigo de la humanidad.

Me muevo por las calles como buscando la desgracia de las personas, confundo y miento con la intención de perderlos a todos. Una libido demasiado grande, con una boca muy pequeña para satisfacerla, me hace sonreír con rabia, aterrorizando a la gente con mi lasciva mirada. Mi cojera es de pesadilla, no me esfuerzo por ocultarla, sino que incluso la exagero, y sirve de compañía para el bamboleante hilo de baba que me cae por la boca. “¡Dolor! ¡Enfermedad! ¡Infierno! ¡Caca!”, dicen que grito mientras persigo a los ciudadanos, arrastrándome junto con las cucarachas y ratas que siempre me acompañan. "¡Don Francisco! ¡Pus! ¡Garrapatas! ¡Chancro!"

Cuando los estándares de belleza caigan por la abolición del patriarcado, estaré yo para recordarles que la fealdad es superior a todo eso, que su lucha final será contra mí. Me ofrecerán ser actor para la película del Obsceno pájaro de la noche, también seré parte de un cortometraje basado en un texto de Bisama. Mi carrera despegará cuando interprete al ayudante de Drácula y también haré un cameo en un video de Die Antword. “Lo más terrible es que no estaba actuando”, dirá Lars, mi amigo Lars. En mi tumba se leerán estos versos esculpidos en roca: “Una criatura que no buscó el amor. Una criatura que no buscó la felicidad. Una criatura poderosa. Nada libera más que la fealdad”.

Para mi lástima, ya durante la tarde bajó la hinchazón y volví a ser este rostro que siempre he sido. Nada condena más que la normalidad.

domingo, 9 de junio de 2019

Vivaldi


¿Les conté que en verdad era poeta? Les cuento: soy poeta. ¿Mi manifiesto? Darle como piñata en fiesta a la tecla enter. Este poema se titula "Vivaldi".

Otro otoño más en el horizonte.
Cuánto detesto el otoño.
Pero el invierno no lo hace mejor
(está a una letra de ser
inFierno).
Ahora,
habría que ser pirómano para que te guste
el verano
o ser un inmaduro para gustar de
la primavera.
Sepan que mi estación favorita es
Baquedano.

domingo, 2 de junio de 2019

Sobre fotos y sacrificios



El irresponsable que dice "yo les saco la foto a todos" es también un ignorante. Siempre que me “sacan la foto”  le achuntan, claro, porque soy muy predecible. Entonces, cuando me la hacen procuro cambiar mi personalidad de golpe, para hacerles ver su error, para moralizar. Y dado que una compañera nueva “me sacó la foto” hace un tiempo, cambié mi personalidad y he tenido que fingir ser homosexual desde hace unas semanas. La tragedia es doble, porque ahora los haitianos me respetan menos y tengo cero posibilidad con esta nueva compañera que es verdaderamente preciosa y perfecta y la amo. Pero uno debe ser consecuente: resolví que debo irme de ese trabajo para dejar de ser homosexual. No me queda otra. He mandado CVs todo el fin de semana y son un conjunto de bien adornadas mentiras para postular a trabajos para los que no estoy capacitado en lo absoluto. Pero la paga parece buena y, lo mejor, me quedan muy cerca. En eso estaba cuando comenzó a sonar una cumbia argentina que deriva en un pensamiento intrusivo.


En las bandas sound, además del vocalista y los músicos, había un sujeto que no cantaba ni tocaba instrumentos, sino que era una especie de animador. Su papel era decir “este es el color de su corazón”, “aquí, allá, aquí, allá”, “levantemos las manos”, “arriba, todos”, “sound, sound, sound”. Me pregunto cómo habrá sido el proceso para integrar a un sujeto de estas características en una banda. No tiene talento alguno más que ser simpático. Tal vez era amigo del baterista o le gustaba al mánager, de otro modo no me explico por qué alguien habría querido compartir la fama con un bufón como aquel. “No tiene talento pero es muy buena moza”, como la canción de Celia Cruz. Algo me quiere decir este recuerdo que me ataca mientras mando mis CVs, alguna relación hizo mi inconsciente entre yo intentando encajar y ese miembro de banda sound. Acá les va otra relación. El disco de Organización X “Organización X contraataca”, la crucifixión de san Andrés, la de san Pedro y el emblema de la casa Bolton, de Game of Thrones. Soy lo suficientemente atento como para ver las letras, los símbolos y las señales herméticas de la noche... pero también soy lo suficientemente tonto como para no hallar el significado. Más peguita para mi psicóloga.



domingo, 26 de mayo de 2019

Estrés postraumático


Como predictor de caracteres, la astrología, los test de personalidad y el tarot son un chiste ante la madre de todas las profecías: tu ubicación en la lista del colegio. El lugar en esa lista determinará tu carácter, reafirmando la idea de que el colegio no se finaliza a los 18, sino que te persigue hasta la tumba. Me he desempeñado en distintos trabajos a lo largo de mi vida y puedo ver cómo los muros del colegio están en todas partes. Inspectores marciales, compañeros violentos, profesoras implacables, compañeras lindas con las que nunca cruzarás palabra alguna, baños solitarios... Su influencia es tal que varios adultos, subyugados por la dictadura mental a la que fuimos expuestos en el aula, siguen sintiéndose desnudos cuando salen sin su mochila a la espalda. Yo me deshice de ese hábito rápidamente y, cuando salgo, sólo me bastan mis bolsillos. Esto nunca es bienvenido. Lejos de ser una filosofía, es una mala costumbre. Así pensamos los que estuvimos siempre al final de la lista.

Estoy pagando cuentas ahora. Tenía la fe de que la vida de adulto sería precisamente como el cine para adultos. Y acá estoy, chueco y tullido, con dolor de espalda y mareado de tanto café. Es lo menos erótico. A menos que seas funcionario del banco que me está sangrando los bolsillos ¡Cómo deben disfrutar esas lampreas! Yo pagando las cuentas. Que ese cuadro sirva como pornografía para los burócratas me sube el ánimo, aunque no lo parezca.

domingo, 19 de mayo de 2019

Suerte rima con muerte



El enchufe roto del hervidor quedó metido en el tomacorrientes. “Esto es un foco de incendio, che”. Un argentino, un venezolano y un chileno intentan arreglar el problema. Cortar la luz y sacar el enchufe roto es lo más sensato. “Pero habría que subir al segundo piso, buscar las llaves del panel y ¿han visto cómo es el panel? Está lleno de palancas y botones, sinceramente no sé cómo se corta la luz”, argumenté y los disuadí de inmediato. “Es más conveniente que uno de nosotros saque el enchufe con las manos, sin cortar la electricidad”, aconsejó el venezolano, que era lo que todos queríamos hacer. Yo me ofrecí como primer voluntario. El argentino se ofreció a pegarme en las manos con un palo en caso de electrocución (siempre ha querido darme con un palo) y el venezolano juró que rezaría en mi nombre si me llegaba la hora (siempre ha querido verme muerto). Tal vez lo hice motivado por la flojera: si recibía una buena descarga, tendría una licencia fenomenal. O tal vez lo hice por curiosidad: ese día andaba con ganas de saber qué cosa pasa después de la muerte, no quería esperar 15 o 16 años más. Entonces, comencé a forzar el pedazo de metal con mis manos desnudas y la corriente andando.


No conozco mujeres así de imprudentes. Podría inventar más extravagancias para justificar la idiotez que hice, pero, en realidad, no tengo una respuesta clara. Y precisamente en esa falta de respuesta se esconde el secreto: se trata de un instinto. La naturaleza, sabia en su conjunto, sabe que el número de hombres es prescindible a la hora de darle continuidad a la sociedad. Y cada vez que un hombre puede hacer alguna idiotez, la hacemos sin muchos otros motivos de fondo. No por nada los accidentes de tráfico fatales son casi todos protagonizados por hombres. Lo mismo que los accidentes laborales, los suicidios, la lucha libre, los militares: hombres. La idiotez es una forma que tiene la naturaleza de controlar la cantidad de población masculina.

Como podrán comprobar, logré sacar el asunto incólume, como suele pasarme cuando me enredo en cosas peligrosas. “Che, qué valiente”. “No es valentía, es curiosidad”, respondí. “Tuviste suerte”. “Suerte rima con muerte”, rematé.

lunes, 13 de mayo de 2019

13 azotes


En conmemoración de su día, pegaré algunas de las peores frases de mi mamá.

“Ojalá hagan un billete de $990. ¡Todo en chile cuesta algo más $990!” Mi mamá enojada contra la divisa chilena.

“No es que yo sea católica, lo que pasa es que me gusta mucho Jesús de Nazaret”. Mi mamá hablando de teología.

“Tenís buscarte una polola que ya sea mamá. Porque así va a ser imposible que seas lo más importante de su vida. Tú no podís ser lo más importante pa nadie. Eris muy desordenado”. Mi mamá subiendo mi autoestima.

“Tu abuela no cacha qué animal es la gata, así que le dije que era un chancho y está súper asustada porque tenemos un chancho mascota”. Mi mamá cobrando venganza contra mi abuela con alzhéimer.

“Aféitate que parecís vagina”. Mi mamá saludándome en la mañana.

“¿Qué jakuna matata? Jakuna matátalos a todos, debería decir”. Mi mamá respecto a una canción que cantaba mi hermanita.

“Estoy que pongo una pyme pa estafar universitarios, no cachan nada”. Mi mamá y el libre mercado.

“Los que tienen tu edad y son flacos, como tú, o son mariquitas o trabajan en la tele. ¿Tú no trabajas en la tele o sí?” Mi mamá, picada, sufriendo una paliza en el carioca.

“Siempre que voy al Costanera siento que va a haber un atentado terrorista que me va a dejar amputada”. Mi mamá revelando sus planes ocultos.

“¿´Conchetumadre´ va con mayúscula?” Mi mamá escribiendo un reclamo en la página del Transantiago.

“Encontré una cucaracha en la pieza de tu hermana. Yo prefiero que haya fantasmas o que la posea un Diablo. No cucarachas, me dan asco”. Mi mamá revelando sus lealtades verdaderas.

“Una tiene derecho a hacer cosas malas si está dispuesta a pagar las consecuencias”. Mi mamá comprando Manjarates.

“Oye, te deposité 20 lucas sin querer. Pasa al cajero del súpermercado para sacaras y pasármelas, porfa”. Mi mamá intentando estafarme con total descaro.