viernes, 17 de marzo de 2017

Las penas del joven Werther

Yo le pediría condones. Ella respondería con la pregunta “¿cuáles quieres?”. Unos Werther, diría yo. “¿Cuáles son esos?”. Los ultrasensibles, le respondería. Reiríamos. Talla buena e inteligente. La invitaría a tomar un café y el resto es sexo, porque obviamente uno se compra condones para usarlos en eso, en relaciones sexuales con la joven de la farmacia. ¿Se dice farmacéutica o simplemente es una vendedora? El punto es que la amo.


Con ese plan en la cabeza me acerqué. “¿Me da condones?”, pero me respondió de la peor manera. “¿De qué tamaño?”, inquirió. Su pregunta me hizo perder el equilibrio. Es del tipo de cuestiones que te dejan pilucho. De qué tamaño. Primero pensé que me lo preguntaba por puro protocolo. Después imaginé que lo hizo por interés personal, ya que no es la primera vez que vengo a coquetearle. Después pensé que lo preguntaba como ataque, para incomodarme. Me quedé con esta última hipótesis, digo, para seguirle el juego. En esa línea pensé responderle algo que fuera igual de agudo, para que cachara con quién se medía, con el Sémola, no cualquier gancho. De qué tamaño. ¿Qué responder? Si decía “obvio que gigantesco, pues ese es mi tamaño de pene erecto” no haría falta mucho esfuerzo para ver que me queda más ajustada una bolsa de basura. Si decía “los más chicos del mercado”, perdería todo interés. Si decía “normales”, obviamente pensaría que hice un estudio de campo comparando mi querida pichula con la del resto, o que me la he medido un sinfín de veces para verificar que estoy dentro del promedio, cuestiones que claramente avalan una falta de seguridad propulsada por una importante cantidad de horas viendo pornografía (lo anterior sí lo he hecho, el punto es que ella no sepa). De qué tamaño. Y cuando una trucha no puede con la corriente, nada atrás de sus camaradas, de sus maestros. Qué diría Han Solo. Qué diría Hank Moody. Qué diría Tito Fernández. Y me llegó la iluminación. Respuesta aguda, ingeniosa, inteligente y chistosa. Respuesta pícara, en suma. Le respondí “no sé, averigüémoslo, po”. Así, esperando una respuesta equivalente al nirvana, pero me devolvió una mirada de extrema incomodidad. “Me refiero a si quieres el paquete de 3 o de 6”. Hirviendo de vergüenza pedí el paquete de tres, pagué y me fui sin emitir palabra alguna. Qué pésima la elección de sus palabras, por la chucha, se pregunta por cantidad, no por tamaño. Llámenme sensible o ultrasensible, pero yo no podría estar con alguien como ella. Las perdió todas conmigo. Seguiré en lo de la pornografía, no me queda de otras.

jueves, 23 de febrero de 2017

Sobre el vacío y la nueva teología

Sobre el impacto del último descubrimiento astronómico, el escritor Francisco Ortega escribió un estado:

«"Oye, pero si no han encontrado vida, no inventemos. Son planetas girando alrededor de una estrella. Sólo eso" / ¿SÓLO ESO CTM? /// Por Rao que son fomes, perdieron la capacidad de soñar, de imaginar, de aventurar, de querer descubrir… Parece que les faltó Mampato y Julio Verne en sus infancias. Que pena” ».

Más de 300 likes. 25 veces compartido. En los comentarios se apoya la misma idea, esa de adjudicarle una enfermiza carencia de imaginación a quien no se emocione con el descubrimiento; misma suerte corre aquel que no vincule el nuevo sistema con la comprobación de vida en otros planetas. Claro queda que imaginar algo remotamente contrario ni siquiera es imaginar, es sólo el tartamudeo de un obtuso.


Y acá vengo yo: pensar que hay vida fuera de la Tierra es un ejercicio estadístico basado en la inmensidad del universo. Por lo tanto, imaginar que hay vida en otros planetas no requiere mucho esfuerzo. Es re fácil, considerando las probabilidades y lo recurrente del tema en la ciencia ficción. Pero tener la soberbia de pensar que estamos absolutamente solos en esta noche sin forma, a pesar de las millones de galaxias y de los miles de millones de plantes es, a mi juicio, un acto imaginativo mucho más tremendo y notablemente más vandálico. Por un asunto estético me inclino por esta teoría absurda y antropocéntrica, más bella y triste que la otra. Pensar la soledad eterna también es soñar (aunque una pesadilla) y también es viajar (aunque sin rumbo).

martes, 7 de febrero de 2017

Diez disparos al suicida

A continuación, una lista de mis 10 géneros literarios favoritos.

Mi primer género literario favorito son las contraportadas. Jugadas y breves, es el antecedente del blog y sus entradas.

Mi segundo género literario favorito son las precisiones técnicas durante el culeo. Más despacio. Dale, así. No todavía. Con la lengua. Es la primera brújula de la humanidad.

Mi tercer género literario favorito son las notas al pie. Es como cuando un alguien del público dice algo mortalmente interesante durante una obra de teatro. Lo escuchas, lo celebras y vuelves a la obra.

Mi cuarto género literario favorito son las conversaciones imaginarias que nunca tuviste. Esperanza: quizás en algún universo paralelo yo no soy un perdedor.

Mi quinto género literario favorito son esas canciones que inventas mientras haces alguna labor aburrida. “Con mis lágrimas este vaso lavaré, lavaré”. Aún nos queda esclavitud en las venas.

MI sexto género literario favorito son los comentarios de los usuarios en los videos porno. Nada más sincero que alguien buscando camaradería. Nada de tabúes, sólo obscenidad.

Mi séptimo género literario favorito son las mentiras que le dices a tu madre para tener más permiso. Aun no termino la disertación, mamá, me demoraré otro par de años en volver a la U.

Mi octavo género literario favorito son las faltas de ortografía y solecismos en las cartas de los suicidas. Porque al final, la formalidad es para burguesitos. Lo único que importa es la sangre.

Mi noveno género literario favorito son las etiquetas de los vinos. Nunca se había escrito tanto sobre una fruta. Leer luego de beber; cuenta como letanía.


Mi décimo género literario favorito son las palabras que salen cuando cantas una canción en inglés, pero sin conocer ese idioma. Lo importante es el significante. Lo único que importa es la sangre.

domingo, 29 de enero de 2017

Extinguiendo burros y llamas

Veo a mis amigos hablar de temas sueltos, desprovistos de cualquier hilo conductor, de toda contingencia, con giros cercanos a la esquizofrenia; me veo a mí mismo participando hombro con hombro de esa orgía temática sin ojos ni boca (bailo bien entre ellos); recuerdo a mi papá que en un arranque de sinceridad (borrachera) me dijo que si seguía estos pasos (los que sigo dando ahora) terminaría desapareciendo y, por desaparecer, se refería a que nunca tendré hijos. “Entonces mi fracaso será tu fracaso”, debí responderle, porque claramente no tendrá nietos, su historia termina en mí, “no habrá más sujetos como tú”, pude decir, pero durante esa conversación me puse a jugar con un cuerito que tenía en el dedo gordo y no le respondí nada.


Hace poco me enteré que los burros están en extinción. Es más económico mantener maquinaria de trabajo que a un burrito, entonces lo descuidaron y dejó de reproducirse y ahora está en números rojos. En México, por ejemplo, pasaron de varios millones a unos quinientos mil en menos de un decenio. El animal que llevó a Sancho y a Jesús en su lomo está desapareciendo. Pero, aunque deje de caminar por el monte, el burro no se irá. Por ejemplo, recuerdo que un tourette visitó una vez a la Doctora Polo. Entre todas las barbaridades que suelen decir, gritó “burro” un par de veces. Funcionaba como grosería. Si desaparecen todos los libros de la tierra, el burro seguirá viviendo como una palabra. Y no cualquier palabra, sino que será un insulto (la mejor clase de palabra). Es lo más cercano a la inmortalidad. ¿Algún día alguien dirá “Sémola” como garabato? Mis amigos dicen “pasó un Sémola” cuando, por Suerte, ocurren dos cosas malas y una muy buena. En verdad nunca lo han dicho, pero sería lindo. Ellos deben tener sus propias aspiraciones para no desaparecer, aunque sean igual de inútiles que la mía. Una declaración de principios escrita con lápiz mina. Da igual, si es con la finalidad de clausurar esta progenie. A diferencia del burro, que merece quedarse en carne y espíritu, nosotros somos un lastre, no los músculos que lo arrastran; veo al Pecas, mi amigo, y tiene la mirada de los típicos conchetumares que bajan la producción nacional y que aumentan los índices de cesantía. Un buen chato. Antes de irme arrasaré todo lo que pueda haciendo esto que hago, aumentando los índices de cesantía y boicoteando la producción nacional con mi flojera. Ser un lastre como forma de hacer política. La flojera como lucha (o como proyecto de lucha). Hoy, queridos, tengo el mismo color político que un incendio.


sábado, 14 de enero de 2017

#Cémola

Se supone que es política de Starbucks escribir mal la gran mayoría de los nombres en sus vasos. Estarás tan indignado que subirás una foto del error, reclamando: “Increíble la ortografía de la gente. Qué mal sabor tiene el frapuccino cuando está mal escrito tu nombre #enojo #cemola #eduaciondepinochet”. Y así, gratis, estarás subiendo una foto que publicita la marca ¿Quién es el güeón? ¿Ah?

Esos lectores que publican estados atacando a la “mala” literatura ¿caen en el mismo juego? ¿Le importará a Cohelo lo que pienses de sus libros? Creo que no. “Es publicidad gratis”, respondió Isabel Allende cuando pasó lo de Bolaño. Cayeron redonditos ante una estrategia canalla y efectiva. Las obejas negras siguen siendo obejas.


Nunca usaría esos trucos tan cochinos.

jueves, 12 de enero de 2017

De la meritocracia

Lo escucho y pienso que aceptar sería, quizás, una contradicción muy grande como para dejarla pasar por el lado, cuestión que acostumbro a hacer con mis contradicciones, que son muchas (más de 35). Yo, que rezo todos los días para que pronto llegue el fin de este mundo canalla, no para estar más cerca de la vida eterna, sino para no volver a este lugar. Yo, que vengo a bogar todos los días a esta galera maldita con la esperanza de anestesiarme pronto, para que deje de dolerme. Yo, el Sémola, quien alguna vez luchó por ser el engrane que quebraría esta máquina maldita. A mí, a ese sujeto, el de los 40 atrasos seguidos, el que apostó las llaves de su casa, le están ofreciendo un ascenso en el trabajo. Jefe de bodega, que es como decir "emperador del planeta".

Luego de la misteriosa desaparición del jefe de bodega (tengo la corazonada de que está muerto. O en Suecia, es lo mismo), quedó una vacante. Semolita, pienso que harías un excelente trabajo como jefe de bodega, ya conoces todas las mañas y sabes ocupar Excel, piénsalo, me dijo. Por conocer todas las mañas, se refiere a que sé dónde se guardan los lápices y las fichas. Por saber ocupar el Excel, se refiere a que puedo diferenciar su ícono del resto, además de que soy un experto haciéndole doble click. El resto del día estoy en Paint.


La inutilidad que manifiesto día a día es invisible para mi jefe, pues tiene que elegir entre el Sémola y tres extranjeros. Odia a los extranjeros. Son dos haitianos que lo único que saben decir bien en español es “tula grande” (yo se los enseñé, aún no saben qué significa) y un peruano sordo, a quien apodamos “Tula grande” (él no sabe que le decimos así). Éste último es el único que trabaja, pero no sé muy bien en qué, si la única cosa que hay que hacer es apilar cajas y llenar sus respectivas fichas antes de que las saquen. Eso último lo hago yo. Llegan dos veces a la semana, las cajas, el resto es Paint. De hecho, para que la pega se haga bien bastaría con el peruano y otro más, pero he intentado guardar el secreto, porque de eso depende mi pega y mi libertad para leer en los horarios de trabajo. Ganaré 40 lucas más, lo que en mi mundo es una tesoro porque, si soy precavido, puedo comer una semana con 10 mil y con el resto puedo seguir haciendo apuestas güevonas con los haitianos. Si lo ponen en resumen, seré un tipo sin atributos al mando de gente que no entiende qué pasa. Seré Piñera.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Otra rosa en el altar de la Fortuna


— Phoebe es claramente marxista. En varios capítulos habla sobre la lucha de clases y sobre el rol que jugará ella en la revolución, revolución que será violenta, se cacha porque amenaza muchas veces a los otros chiquillos de Friends. Es letrista, que es una forma fifí de decir que es poeta, y todas sus canciones tratan de elementos bajos de la sociedad, como animales, desgarros, suicidios, porque ella vivió en la calle, viene de abajo, güeón, no como el resto, que en el peor de los casos partió de la mitad. Por eso Phoebe es mi personaje favorito de Friends, claramente es un punk — Me dijo la promotora vestida de viejito pascuero.
— Se nota que la pensaste. Yo viví en la calle un tiempo y no me las doy de escritor — mentí—. Además, el mejor personaje de Friends es Chandler. Cualquiera te dirá que destaca por ser el más chistoso. Error. Chandler es el más depresivo, de hecho no ríe casi nunca, pero sí hace reír al resto. Esa contradicción está en la base del personaje, es una especie de demiurgo de la comedia. El bufón del tarot. Fuma, pero no fuma. Tiene un papá que es mujer. Se casa con la mandona. Sí, parte desde arriba, gana mucha plata trabajando de transpondster, pero está chato de eso, está harto de la estabilidad y se sale del camino y se vuelve una especie de escritor fracasado, pero perfecto, de esos que parten después de los 40, tan robusto como los Andes, lo que es casi una reescritura de la vida de Raymond Chandler. Güeá obvia: se trata del único personaje humano, por ende, mi favorito— le respondí.
Como nota de vanidad, puedo decir que la dejé impresionada de buena manera. Todo partió porque me pilló robando un queso, acción que ya es tradicional entre los supermercados y yo. Me increpó no muy convencida, una cosa llevó a la otra y terminé diciéndole que me parecía re travesti que las promotoras se vistieran como viejito pascuero, pues era como vestirse de hombre, pero le dije que era más curioso que uno las encontrara sexys, así, disfrazadas de hombre, pues ellas eran re travestis, y uno, un homosexual en potencia, todos los hombres, porque nadie se ha detenido antes a pensar que te está calentando una mina vestida de hombre, y no de cualquier hombre, sino que de Santa Claus, San Nicolás, Papa Noel, el de los muchos nombres, El Viejo Pascuero, por la mierda, el mago más poderoso de occidente, la barba más frondosa desde Odín, todo sobre la panza de un borracho, que maneja animales igualmente borrachos, nariz roja y todo, un hombrón, vieja escuela, un galló, lunfardo y coa desde que despierta hasta que se acuesta, no deberíamos calentarnos, le decía, si nos jactamos de la heterosexualidad, le decía, pero yo no me jacto de eso, le dije, pero sí de otras cosas, comenté, y de qué cosas, me preguntó, de lo que siento por ti, estuve a punto de decirle, pero me detuve y me la jugué de la peor manera, salvaje y directo como un hachazo, le dije que ella, sin duda alguna, se vería más linda sin nada de ropa; fue un balde de agua hirviendo. Oh, sorpresa, no se ofendió y quedamos de vernos en Año nuevo, después de las 00:00, ya borrachos.
Amigos, todo indica que esto es un milagro de navidad. La volveré a ver, ojalá desnuda. Si no logro remojar los cochayuyos de mis costas, que de mí se diga la peor bazofia, porque mi paso por este mundo será un desperdicio de aire, si no logro gritar POESÍA entre sus piernas. Pretendo perder de nuevo mi virginidad. Otra rosa en el altar de la Fortuna.